Glamour
mucho glamour; tacones altos en una zona de arena, en el que el asfaltado no
existe, como en este paraje natural, es un reto para las mujeres más valientes
que se atreven a navegar por las calles gracioseras.
Pero aquí no vamos a escribir de
glamour, ni de tacones, ni por supuesto tampoco de chancletas. Vamos a pegar “un tirón de orejas” a las personas que
utilizan un espacio público y tras su salida, lo dejan todo hecho un desastre
cómo podemos ver en las instantáneas que aquí quedan expuestas.
Aparte del “Si quiero” en el altar, también deberían afirmar “Si quiero… dejarte
limpia”, como te encontré.
Siguiendo con el rito nupcial y
llegando a la palabra de las promesas, diré: Isla de La Graciosa “te prometo”
que dejaré todo y tal como estaba, o mejor, si cabe, para así expresar mi
agradecimiento hacia el lugar que nos acogió y fue testigo de nuestra unión
matrimonial.
Ya terminada la ceremonia, empieza
la fiesta, música, baile y diversión, que para eso es la ocasión. Pero, como
toda fiesta tiene un principio y un final, ¿que mejor para acabarla que unos
voladores?
Cuando los voladores dejen de sonar
y hayan acabado todas la explosiones artificiales, prometo que diré: “Si te limpiare”.
Si
quiero, que se sigan celebrando acontecimientos nupciales en la Isla
de La Graciosa y si quiero que después
de tal acontecimiento, tengan la
decencia de dejar, en este caso la playa, tal y cómo la encontraron.










