“Salían de madrugada desde La Graciosa para llegar temprano a los pueblos de Lanzarote, cargando kilos y kilos de pescado en cestas que portaban sobre sus cabezas y descalzas, para evitar dañar sus alpargatas en aquel camino escarpado. Día tras día, así vivían la mujeres de La Graciosa, en la lucha contra la sentencia al aislamiento con la que la propia geografía condenaba a su pequeña isla.”
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